PARA MEDITAR (9):
Á manera de elección: del Paraíso.
Imagina que estás en un campo raso solo ó sola… con tu “aura ó conciencia”, perdida en una visión hacia lo alto del cielo abierto, donde se te muestran todos los placeres representados en la meditación de la gloria, que hayas considerado. Después á la parte de abajo te manifiesta el infierno abierto con todos los tormentos descritos en la meditación del infierno. Situado de este modo con la imaginación y en postura de meditación…

Asimismo has de considerar, que aunque uno y otro están abiertos para recibirte, según tú eligieres, y tu Credo está pronto á darte, ó ya el uno por justicia, ó ya el otro por misericordia, sin embargo desea con imponderable deseo que escojas el cielo, y á este fin tu “aura ó conciencia” te insta cuando puede, ofreciéndote de parte de tu Credo gran copia de gracia y de auxilios para ayudarte á subir á él.
Desde lo alto del cielo te mira tu Credo lleno de benignidad, y te convida dulcemente diciendo: Ven alma muy amada, á descansar eternamente entre los brazos de mi bondad, que te tiene preparadas inmortales delicias en la abundancia de su amor. Mira con los ojos del espíritu á la imagen de otros iconos que consideres y que te convidad como madre, y te dice: Ánimo, hijo mío, no desprecies los deseos de tu Credo, ni tantos suspiros como doy por ti, aspirando juntamente con él á tu salvación eterna. Mira á todos los iconos que más desees o se te ocurra y que te exhortan, y aquella multitud de almas que con gran dulzura te convidan, deseando ver algún día tu corazón unido con los suyos para alabar á tu Credo eternamente, y te aseguran que el camino del cielo no es tan difícil como lo pinta el mundo. Ten valor, dicen, carísimo amigo; porque si consideras bien el camino de la devoción por donde hemos subido, verás que hemos llegado á éstas delicias por otras delicias incomparablemente más suaves que las del mundo.
Elección.
¡Oh infierno! Desde ahora te detesto para siempre; detesto tus tormentos y tus penas; detesto tu infeliz y malaventurada eternidad, y sobre todo abomino las eternas blasfemias y maldiciones que eternamente vomitas contra mis creencias.
Y volviendo mi corazón y mi alma hacia ti, paraíso hermoso, gloria eterna, felicidad perdurable, elijo para siempre é irrevocablemente para mi domicilio y morada tus hermosas y sagradas mansiones y tus deseables tabernáculos. Bendigo, creencia mía, vuestra misericordia, y acepto el ofrecimiento que os habéis dignado hacerme. ¡Dios mío! Acepto vuestro amor eterno, y admito el lugar y habitación que para mí habéis ganado, y lo principal porque le quiero es por amaros y bendeciros eternamente.
Acepta los favores que todos tus iconos te ofrecen, y dales palabra de seguirlos. Extiende la mano á tu “aura” para que te lleve allá, y alienta á tu alma para que te haga esta elección.